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Shareflow Pixel quiere que la ciudad tenga miles de dueños
La división financiera de Shareflow co-financia infraestructura urbana inteligente con inversores verificados, y apunta a tokenizar esa clase de activo.
Una pantalla LED de gran formato en una avenida concurrida es, vista como negocio, un objeto peculiar. Exige una inversión fuerte por adelantado. Vive de un contrato de largo plazo sobre el lugar que ocupa. Y factura en fracciones de segundo: cada vez que un anuncio aparece, alguien paga por ello. Durante toda la historia de la publicidad exterior, ese negocio ha tenido además otra característica que nadie se molestó en cuestionar: un solo dueño.
Shareflow cree que eso está a punto de cambiar, y ha creado una división entera para intentarlo. Se llama Pixel, y su planteamiento es tan simple de enunciar como difícil de ejecutar: en lugar de financiar sola cada activo y quedarse con todo lo que produce, la compañía fracciona sus derechos económicos y co-financia cada proyecto con inversores verificados. Por ahora lo hace en una plataforma privada, a la que sólo se entra por invitación. La ambición declarada es mucho mayor: tokenizar esta clase de activo y convertirla en un producto abierto, cuando exista un marco regulado que lo permita.
«No queremos ser los únicos beneficiarios», resume la compañía. Es una frase poco habitual en un sector donde el control del inventario ha sido siempre la ventaja competitiva.
El problema de quién paga la ciudad
El punto de partida de Pixel no es financiero, sino urbano. El Global Infrastructure Hub, una iniciativa del G20, calcula que el mundo necesita invertir 97 billones de dólares en infraestructura de aquí a 2040, y que al ritmo actual faltarán 15 billones. La brecha es especialmente ancha en América.
Las ciudades inteligentes son un caso agudo de ese problema. Buena parte de sus proyectos mueren después del piloto: funcionan mientras dura la partida presupuestal que los financió, y se apagan cuando se acaba. Shareflow, que este mes anunció una división de Smart Cities con Medellín como laboratorio vivo, sostiene que la única infraestructura urbana que sobrevive es la que se paga sola. Pixel es la otra mitad de esa idea: si el activo genera sus propios ingresos, también puede financiarse entre muchos.
Un activo aburrido, en el mejor sentido
Lo que hace financiable a una pantalla no es su tecnología, sino su previsibilidad. Según la compañía, los proyectos de Pixel se construyen sobre contratos de largo plazo sobre infraestructura inteligente y monetizable: un activo físico, en una dirección concreta, que cualquiera puede ir a ver.
Ese activo se vende por tres canales a la vez —venta directa, subasta programática e instantes reservados por el público— sobre la misma plataforma con la que Shareflow opera el resto de su red. Y tiene una propiedad que casi ningún activo real comparte: sus ingresos dejan evidencia criptográfica. Cada reproducción que se cobra está firmada por el dispositivo que la emitió, con el mismo sistema de prueba de emisión que la compañía usa para liquidarle a anunciantes y dueños de medios.
El inversor no recibe un reporte sobre el activo. Ve el activo operando.
La operación no se terceriza: la ejecuta Shareflow Medios, la división que maneja el inventario propio de la compañía. Shareflow conserva además una parte de cada proyecto, de modo que su interés queda alineado con el de quienes co-financian.
Un cuarto por proyecto
La plataforma de Pixel está organizada por proyecto, no por cartera. Una invitación da acceso a un proyecto concreto, y cada inversor ve únicamente aquellos a los que fue invitado.
Dentro encuentra la tesis y la ficha del activo, un data room con su documentación —los archivos no tienen dirección pública y se abren con enlaces que caducan en minutos—, un historial de actualizaciones materiales, el desempeño comparado contra el modelo y la operación en vivo de las pantallas vinculadas. Hay una regla que la compañía subraya: ninguna cifra financiera se publica de forma automática. Las revisa y las firma una persona. En un mercado acostumbrado a recibir un PDF trimestral, poder ver el activo trabajando es poco común.
La promesa —y el problema— de la tokenización
La palabra que vuelve ambicioso el plan es tokenización: representar los derechos sobre un activo real como unidades digitales que se registran y se transfieren. Las proyecciones sobre ese mercado son tan grandes como dispares. Los estimados para 2030 van de unos 2 billones de dólares a más de 16 billones, según quién cuente y qué incluya: McKinsey se ubica en el extremo prudente, y Boston Consulting Group, que llegó a proyectar 16 billones, recortó después su cifra para esa fecha.
La realidad, por ahora, es bastante más modesta. Un análisis publicado por Forbes en julio de 2026 lo resumía desde el titular: el mercado de activos tokenizados ronda los 60.000 millones de dólares, y la mayor parte no se mueve. Tokenizar un activo no lo vuelve líquido por arte de magia; sólo lo vuelve divisible.
Shareflow parece haber tomado nota. La compañía es explícita en que la tokenización es una visión y no un producto: los activos de Pixel no están tokenizados hoy. «Trabajamos para lograr un sistema regulado y un producto abierto que lo permita. Mientras tanto, los proyectos viven en una plataforma privada», indicó. El orden importa: primero el activo, después la estructura, después la regulación, y sólo entonces el token.
Los riesgos que nadie debería ignorar
El planteamiento tiene flancos, y la propia compañía los reconoce. El primero es regulatorio: el marco que haría posible un producto abierto no existe todavía, y no hay garantía de cuándo llegará ni con qué forma. El segundo es la liquidez. Una participación en una plataforma privada no tiene un mercado donde venderse, y es una inversión de largo plazo por definición.
El tercero es de concentración. Quien estructura los proyectos es también quien los opera, y los ingresos dependen del mercado publicitario, que es cíclico. El cuarto es de madurez: se trata de una clase de activo nueva, sin historia larga con la que compararse.
Son las razones por las que Pixel está cerrado al público y dirigido sólo a inversores verificados.
Lo que sigue
Shareflow no reveló cuántos proyectos tiene estructurados, su tamaño ni sus condiciones; esa información vive dentro de la plataforma privada. El acceso se pide a través de la página de Shareflow Pixel, y la compañía advierte que una invitación no es automática: depende de un proceso de verificación y de que exista un proyecto adecuado para cada perfil.
La apuesta de fondo es de otra escala. Si los contratos de largo plazo sobre infraestructura inteligente terminan siendo una clase de activo abierta, las pantallas habrán sido sólo el primer caso de uso. La pregunta que Pixel le hace a la industria es más amplia que la publicidad: de quién es una ciudad inteligente, y quién participa de lo que produce.
Fuentes
- La brecha global de infraestructura de 15 billones de dólares a 2040 — Foro Económico Mundial, con datos del Global Infrastructure Hub (G20)
- Global Infrastructure Outlook — Global Infrastructure Hub
- Proyecciones del mercado de tokenización a 2030: de 2 a 30 billones — comparación de estimados de McKinsey, BCG y otros
- The Tokenized Asset Market Is $60 Billion. Most Of It Isn’t Moving — Forbes, julio de 2026